
Castiliscar es una histórica localidad de la comarca aragonesa de las Cinco Villas. Su origen está ligado a la reconquista de este territorio en los siglos XI y XII por parte de los primeros reyes de Aragón. Fue lugar de frontera, un eslabón en la cadena defensiva que separaba la montaña de Sos y Uncastillo frente al llano de las otras tres villas históricas: Sádaba, Ejea de los Caballeros y Tauste.
Los repliegues de la Sierra de Santa Agueda, en las estribaciones del pre-pirineo aragonés acogieron a partir del año 1088 la construcción del Castillo de "Liscare". Aunque varios siglos antes el carácter estratégico de estas sierras ya fue apreciado por los romanos que dejaron importantes restos en toda la comarca.
El año 1088 el rey aragonés Sancho Ramírez concedió autorización a Galindo Sánchez, Señor de Sos, para construir aquí un castillo con el fin de ampliar su labor de repobladora y defensiva frente a los dominios musulmanes. El lugar se llamó primero Castelicar y perteneció a la Orden Militar de San Juan a partir del año 1201 por donación de Pedro II. Sus primeros comendadores pertenecieron a la poderosa familia de los Luna. El castillo de origen de la población sufrió las consecuencias de los enfrentamientos y correrías fronterizas entre navarros y aragoneses frecuentes en los siglos XIV y XV.
Su estructura ocupa una meseta rocosa a cuyo alrededor se agruparán las casas en forma muy similar a Uncastillo, aunque a menor escala.
Al pie del Castillo, se construyó en el siglo XII la hermosa Iglesia Parroquial. El arte románico, propio de las Cinco Villas, luce aquí en todo su esplendor.
El templo está construido con trabajados sillares. Destaca en su delicado conjunto la portada sur, donde luce otra elegante muestra de escultura románica con detalles de recuerdo cisterciense. A fin de cuentas no muy lejos de Castiliscar se conservan los restos del Monasterio de Cambrón levantado por la Orden del Císter en nuestra comarca.
La riqueza artística y monumental de Castiliscar se completa con las posibilidades naturales que ofrece su paisaje serrano. Excursiones hacia la Sierra de Santo Domingo, a pie o en bicicleta, se unen a la tradición cazadora de sus habitantes o las posibilidades de practicar la pesca.